Santa Laura Montoya, primera santa colombiana, patrona del magisterio

21 de octubre de 2023 / 12:32 AM

Cada 21 de octubre, la Iglesia Católica celebra a Santa Laura de Santa Catalina de Siena, más conocida como Santa Laura Montoya o, simplemente, como la “Madre Laura”; una fervorosa mujer que se consagró a Cristo a través del servicio a los hermanos miembros de las poblaciones indígenas de Colombia, su país natal.

La Madre Laura fue educadora y misionera, y también poseedora de un alma muy particular que la acercó a la mística, como se evidencia en ciertas expresiones suyas: “Destrúyeme Señor y sobre mis ruinas, levanta un monumento para tu gloria”. No sin razón, Santa Catalina de Siena fue su mayor inspiración. La Madre Laura quiso incluso llevar su nombre como religiosa, y la congregación que fundó la llamó también en su honor.

Hoy, Santa Laura Montoya es considerada patrona del magisterio colombiano.

La familia: formación y perdón

Laura Montoya Upegui es considerada la primera santa colombiana. Nació en 1874, en Jericó, Antioquia, departamento del noroeste de la República de Colombia. Creció en el seno de una familia católica y tuvo dos hermanos. Cuando tenía tan solo dos años, su padre murió asesinado en un trágico incidente durante la Guerra Civil Colombiana, dejándola a ella en la orfandad y a su familia sumida en la pobreza.

En medio de aquella tragedia, Laura aprendió la importancia del perdón. Un día “Laurita” -como le decían de pequeña- le preguntó a su madre quién era esa persona por la que siempre rezaban; entonces ella le respondió, sin ambages, que se trataba del hombre que asesinó a su papá. La inesperada respuesta marcó la vida de Laurita para siempre.

La experiencia de la marginación

Dada la precariedad económica de la familia, la madre de Laura se vio obligada a dejarla en un orfanato, bajo el cuidado de su tía, la Sierva de Dios, María de Jesús Upegui, fundadora de la Comunidad de Siervas del Santísimo y de la Caridad.

Laura empezó a asistir a una escuela para niñas de clase alta, que abandonaría solo un año después, en buena parte, porque se sentía marginada. Después, se mudaría a la finca de su abuelo para cuidar de una tía enferma. Esta fue una etapa en la que la santa entró en contacto con un conjunto de lecturas espirituales que despertarían en su corazón el deseo de hacerse religiosa carmelita.

Años después, con la ayuda de su tía María de Jesús, Laura pudo completar los estudios de pedagogía, pensando en trabajar y ayudar económicamente a su familia. En 1893 se graduó como maestra de elemental en la Escuela Normal Superior de Medellín. Después dedicaría muchos años a la carrera docente, pasando por varios colegios y proyectos educativos de distinta naturaleza. Siempre quiso hacer de su trabajo un apostolado, aunque eso, en más de una ocasión, le causaría fricciones laborales o ser blanco de graves calumnias e incomprensiones.

Discernimiento y llamado personal

A pesar de aquellas cruces, Laura no se desanimó y decidió atender la inquietud que llevaba dentro, esa que la había acompañado por años: evangelizar a los indios de su nación.

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