Por, Manuel Giraldo B
Medellín, septiembre 12 de 2022
Lucas 7, 1-10: “Al oír hablar de Jesús, (el centurión) le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que fuera a curar a su criado.
Amadas hermanas y hermanos: El relato del evangelio nos ofrece diversas enseñanzas. Centrémonos en el amor del centurión romano por su siervo enfermo, que lo lleva a “interceder” o “abogar” ante Jesús. Hace a un lado la superioridad de su cargo e invierte tiempo, energías, recursos, ocupándose de salvarle la vida a su servidor. Además de enseñarnos sobre la sensibilidad que hemos de desarrollar para ayudar a otras personas, nos recuerda la fuerza que tiene la intercesión realizada con fe. ¿Cuántas veces nosotros solemos interceder por otros? Nos gana más bien la indiferencia y la falta de fe, porque no creemos que las cosas puedan cambiar o mejorar. La convicción del extranjero, sabiendo que puede hacer algo por su siervo, se gana la alabanza de Jesús; se convierte en una lección para nuestras sociedades donde todo se relativiza, incluidas la vida y la fe. El creyente ha de apoyarse no sólo en la fe en Dios, sino en la fe en sí mismo y en la humanidad. Tenemos que interceder con fe profunda por quien más lo necesite.
Un feliz lunes en nuestro amado Maestro Jesucristo.