Julio, sábado 30 de 2022
Jeremías 26, 11-16: “Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar estas palabras.
Queridas hermanas y hermanos: Jeremías es acusado de alta traición porque denuncia aquello que las autoridades civiles y religiosas están haciendo mal, aunque su mensaje es fiel al querer de Dios para su pueblo. Son momentos difíciles para Jeremías; sus palabras proféticas desbaratan los sesudos cálculos políticos de unos y la irreligiosidad de otros. Ante la ejecución inminente del profeta un amigo acude a su rescate. Siglos más tarde y bajo circunstancias similares, el profeta Juan no correrá con la misma suerte, ya que será decapitado. La identidad bautismal del cristiano tiene en sus venas el ADN de los profetas, como lo han demostrado mártires y santos que, apegados a la palabra de Dios, se han opuesto al absolutismo de reyes y gobiernos. Hoy, más que nunca, la palabra profética pasa por el crisol del discernimiento personal y comunitario que nos debe llevar a revisar nuestros procesos evangelizadores y nuestro compromiso concreto con las causas que abraza el Reino de Dios.
Preguntémonos hoy: ¿Cómo discierno la voluntad de Dios en mis decisiones cotidianas? ¡Oremos por una Iglesia y unas comunidades proféticas y comprometidas!
Un feliz sábado en nuestro amado Maestro Jesucristo.
