Por, Manuel Giraldo Barrera.
Mateo 5, 17-19: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”.
Queridas hermanas y hermanos: La Buena Nueva del Evangelio no hace de lado los valores adquiridos por el Pueblo a través de sus procesos de dignificación y reivindicación de sus derechos. Las luchas que se libran en nuestro país buscando verdadera justicia son incontables. La historia de los defensores y defensoras que han dado su vida por esta causa es un tesoro invaluable que debemos agradecer y respaldar. Jesús, consciente de que su misión había sido precedida por el Padre, que desde el cautiverio de su pueblo en Egipto siempre ha acompañado al Pueblo en sus anhelos de liberación, no hace más que continuar este camino. El problema lo encontró Jesús en la tergiversación de leyes oficiales, convertidas en instrumento de marginación y opresión para el pueblo de Israel, no de liberación. Pensemos que si Jesús afirma la vigencia de la Ley, es de aquella Ley que ponga límite a los abusadores y explotadores. Jesús siempre se da a la tarea de devolver el verdadero sentido a normas de convivencia social y religiosa. La ley está hecha para liberar, dignificar y humanizar no para esclavizar y oprimir. Agradezcamos esas pequeñas “victorias” que logran quienes luchan por la vida, siendo nosotros unas personas justas.
Preguntémonos: ¿Somos nosotros legalistas “pegados a la norma” u obramos desde el mandato evangélico del AMOR?
Un feliz miércoles en nuestro amado Maestro Jesucristo.