Por Manuel Giraldo Barrera
Mateo 20, 17-28: “Dijo Jesús a sus discípulos: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”.
Queridas hermanas y hermanos: Es desconcertante el contraste entre la lucidez y convicción de Jesús en lo que se refiere a su misión y destino, y el extravío de los discípulos en cuanto a sus cálculos y planes personales, distantes de los de su Maestro. El tercer anuncio de la Pasión recibe como respuesta una escalofriante indiferencia, que evidencia que los doce discípulos no habían entendido a su Maestro o lo habían malinterpretado. Es evidente la falta de sintonía entre los discípulos y Jesús, con el agravante de que ya se acerca el desenlace del evangelio y no hay tiempo para más, lo que hace aún más dramática la situación. Mientras que Jesús habla de su muerte, dos de sus discípulos piensan en poder. Sólo hay un camino para cerrar esta herida, que desde siempre desangra a la comunidad: el del servicio humilde y desinteresado de quien da la vida por los otros. En este camino, contrario al de los señores de este mundo, Jesús manifestó su señorío. Quien realmente quiera ser su discípulo, ha de disponerse a beber de su cáliz y a servir desinteresadamente.
Preguntémonos hoy: ¿Qué hemos hecho para convertirnos en auténticos servidores?
Un feliz miércoles en nuestro amado Maestro Jesucristo.