Por, Manuel Giraldo Barrera : Columnista Carfoz. Medellín-Colombia.
Lucas 9, 22-25: “Dijo Jesús a sus discípulos:…. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o pierde su alma?”.
Queridas hermanas y hermanos: La vida tiene que ser considerada como el bien supremo indiscutible, pero la deshumanización que vivimos en esta época y desde tiempo atrás la ha puesto en peligro y nos encontramos amenazados pudiésemos decir que de manera permanente. La enseñanza constante de Jesús es la de la renuncia a la propia vida, es decir, a una vida estéril y egoísta, centrada en nosotros mismos. Por su Palabra, nos invita a revaluarla en todas sus formas, como lo primero y fundamental que tenemos que cuidar, viviéndola desde la auto-donación, sin egoísmos. Hay demasiado dolor, desdicha y sufrimiento en la humanidad, y, por tanto, es urgente humanizar nuestras relaciones familiares, comunitarias y sociales que parecen despersonalizarse y distanciarse. Hoy, parece que el endiosamiento, el orgullo y la arrogancia en los que hemos caído nos pasa la factura. Vale nuestra manera de pensar, la del otro no vale y lo hacemos nuestro enemigo. Desde la lógica evangélica, necesitamos ir a contracorriente: quien pierda su vida por amor a los demás, la gana. Es así como nos negamos a nosotros mismos, cargamos con la realidad para transformarnos y transformarla.
Preguntémonos: ¿A dónde apunta nuestra vida?
Un feliz jueves en nuestro amado Maestro Jesucristo.