Los periodistas y el acoso judicial

 
ABRIMOS LA CONVERSACIÓN
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Ustedes y nosotros, tenemos que hablar de periodismo

Antes de doblar la próxima esquina hemos caminado durante 25 años. Era 1996 y no había muerto Jaime Garzón. Tampoco otros 81 reporteros y reporteras que han sido asesinados desde entonces. En Colombia, no existía el mecanismo de protección a periodistas. La infodemia, las redes sociales y las noticias falsas no aparecían en el glosario de problemas que enfrentaba un puñado de periodistas que siguiendo la “orden” de Garbiel García Márquez le dieron vida a la Fundación para La Libertad de Prensa. Esa idea era: defender a los periodistas, los están matando. 

Hoy y antes de doblar la esquina para los próximos 25 años, hay debates que, diariamente, rondan el trabajo que hacemos en la fundación. El primero: ¿es posible seguir defendiendo la libertad de expresión con guantes de cirujano? ¿Debemos seguir atendiendo a todos nuestros pacientes, sin importar si el enfermo es un ciudadano que nos cae mal? ¿Dejaríamos de lado el principio plural de que es mejor convivir y defender las opiniones que no nos gustan?  
Y, si continuamos como hasta ahora, sin hacer juicios éticos, ¿cómo se lo explicamos a la sociedad que reclama mayor control sobre los medios, más dosis de rigor, calidad e independencia en el periodismo? ¿Puede terminar esa defensa aséptica convertida en una mala caricatura? 

Horas antes de escribir estas líneas para hablarles a ustedes, se reunieron en el Congreso, senadores, representantes y candidatos a la presidencia. La Comisión primera del Senado discutía la propuesta de un proyecto de ley que de ser aprobado le puede dar herramientas a los periodistas para defenderse del acoso judicial; al igual que ocurre en Estados Unidos y otros países. Lo que estaba llamado a ser una discusión sobre una ley positiva para los periodistas, la primera en lustros, terminó en todo lo contrario: un gran juicio a los medios. Todos aprovecharon para despacharse y dar lecciones de lo que ellos consideran el buen periodismo. La votación tuvo que ser aplazada, de lo contrario el proyecto terminaría hundido; no sin que antes algunos congresistas adelantaran sus demandas contra medios de comunicación. Otros, se declararon impedidos porque ya están inmersos en pleitos judiciales. Un acto poético que los terminó identificando como acosadores de la prensa. 

Antes de llegar a la siguiente curva, deberíamos llenar de significado el mantra que durante décadas se ha repetido: “el periodismo es pilar de la democracia”. Para ello tenemos que hablar. Hablar con las audiencias, con los medios y con el poder. Este poder que se ilusiona de pensar que ha llegado el momento de empantanar con leyes el trabajo de los periodistas. 

Si quieres hablar con nosotros sobre estos temas, escríbenos un correo a: tenemosquehablar@flip.org.co
Jonathan Bock.
Director
 FLI

Ustedes y nosotros, tenemos que hablar de periodismo

Antes de doblar la próxima esquina hemos caminado durante 25 años. Era 1996 y no había muerto Jaime Garzón. Tampoco otros 81 reporteros y reporteras que han sido asesinados desde entonces. En Colombia, no existía el mecanismo de protección a periodistas. La infodemia, las redes sociales y las noticias falsas no aparecían en el glosario de problemas que enfrentaba un puñado de periodistas que siguiendo la “orden” de Garbiel García Márquez le dieron vida a la Fundación para La Libertad de Prensa. Esa idea era: defender a los periodistas, los están matando. 

Hoy y antes de doblar la esquina para los próximos 25 años, hay debates que, diariamente, rondan el trabajo que hacemos en la fundación. El primero: ¿es posible seguir defendiendo la libertad de expresión con guantes de cirujano? ¿Debemos seguir atendiendo a todos nuestros pacientes, sin importar si el enfermo es un ciudadano que nos cae mal? ¿Dejaríamos de lado el principio plural de que es mejor convivir y defender las opiniones que no nos gustan?  
Y, si continuamos como hasta ahora, sin hacer juicios éticos, ¿cómo se lo explicamos a la sociedad que reclama mayor control sobre los medios, más dosis de rigor, calidad e independencia en el periodismo? ¿Puede terminar esa defensa aséptica convertida en una mala caricatura? 

Horas antes de escribir estas líneas para hablarles a ustedes, se reunieron en el Congreso, senadores, representantes y candidatos a la presidencia. La Comisión primera del Senado discutía la propuesta de un proyecto de ley que de ser aprobado le puede dar herramientas a los periodistas para defenderse del acoso judicial; al igual que ocurre en Estados Unidos y otros países. Lo que estaba llamado a ser una discusión sobre una ley positiva para los periodistas, la primera en lustros, terminó en todo lo contrario: un gran juicio a los medios. Todos aprovecharon para despacharse y dar lecciones de lo que ellos consideran el buen periodismo. La votación tuvo que ser aplazada, de lo contrario el proyecto terminaría hundido; no sin que antes algunos congresistas adelantaran sus demandas contra medios de comunicación. Otros, se declararon impedidos porque ya están inmersos en pleitos judiciales. Un acto poético que los terminó identificando como acosadores de la prensa. 

Antes de llegar a la siguiente curva, deberíamos llenar de significado el mantra que durante décadas se ha repetido: “el periodismo es pilar de la democracia”. Para ello tenemos que hablar. Hablar con las audiencias, con los medios y con el poder. Este poder que se ilusiona de pensar que ha llegado el momento de empantanar con leyes el trabajo de los periodistas. 

Si quieres hablar con nosotros sobre estos temas, escríbenos un correo a: tenemosquehablar@flip.org.co
Jonathan Bock.
Director
 FLI
Así nació nuestra red de corresponsales

En el 2001 teníamos un promedio de 14 periodistas asesinados anualmente. En la lista de los países con más periodistas asesinados nunca fuimos los primeros, pero llevábamos más de una década ocupando el segundo puesto. Fuera de eso, Colombia no tenía ninguna estructura para la defensa de los periodistas. Y además, el periodismo estaba totalmente desestructurado, había celos entre organizaciones, egos… Sin embargo, había algo que nos unía, y es que siete veces al año, mínimo, estábamos velando a algún periodista. Ahí decidimos crear la Red de corresponsales que conocemos hoy. 

Cuando nos hicimos cargo de la creación de la Red, asumimos que lo íbamos a tener que hacer en medio de las dificultades. Entonces intentamos aprovechar ese escenario funerario de periodistas, para canalizarlo en la fundación de una red que sirviera para proteger la vida los y las periodistas. Así, empezamos a tener reuniones con colegas en las regiones, para identificar el liderazgo que tenían en la región. Y de esta manera, se formó la Red de Corresponsales de la FLIP, que en ese entonces se llamó RALP, Red de Alerta y Protección.

La Red se planteó como ese corazón, como la sangre de la FLIP. Sin la Red la FLIP no hubiera podido tener la capacidad de ayudar a muchos más colegas. La Red ahora trabaja en diferentes temas, que ya no son necesariamente la protección de la vida de los periodistas. Hemos dado pasos hacia adelante, después de haber solucionado un tema muy urgente. 
 Ignacio Gómez*.
Periodista
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*Este texto fue extraído de un video
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